“A Dog’s Way Home” promete arrancar lágrimas



Habría que tener un corazón de piedra para no salir conmovido con “A Dog’s Way Home”, la nueva producción de Sony Pictures que estrenó en los cines de la isla esta semana.

Este es un ejemplo de un filme comercial que no escatima en utilizar un maratón de manipulaciones para asegurar la conexión entre el espectador y la jornada peculiar de Bella, una perrita que enfrenta lo imposible para regresar a su casa.

Lo que vale la pena dejar claro es que esta es una estrategia efectiva y no le resta al mensaje central de esta historia, que es una adaptación de la novela homónima de W. Bruce Cameron.

El primer recurso para ganar el favor del público, ya algo que viene directo de la novela, es narrar la historia desde la perspectiva de Bella, una pitbull que es rescatada por Lucas (Jonah Hauer-King) desde que es apenas un cachorro.

En esta adaptación, la actriz Bryce Dallas Howard es quien se hace cargo de la voz de Bella, y a pesar de no estar en pantalla, el trabajo de la actriz logra darle una integridad clara al material y dicta los ritmos dramáticos de la trama.

La separación de Bella de su adorado Lucas sucede cuando un vecino malintencionado reporta a las autoridades que hay un pitbull que podría poner en peligro al vecindario. De ahí las cosas se complican y para que la vida de la protagonista no corra peligro, Lucas decide buscarle un hogar temporero en lo que resuelve la situación. Desesperada por estar con su familia, Bella se lanza en una aventura que la pone a recorrer más de 400 millas para regresar a casa.

Aquellos que tienen el beneficio de haber leído la novela apreciarán la jornada de Bella con un poco de más tranquilidad al saber que su final feliz está garantizado.

De hecho, parte del encanto del filme es que la jornada y los obstáculos de este personaje sirven de plataforma para explorar lecciones sobre el amor incondicional, cómo la naturaleza desafía el concepto de adopción y la idea de que las almas gemelas no están limitadas a los seres humanos.

Durante todo este proceso, la dirección del filme se encarga de que el espectador no se empalague con las lecciones azucaradas ni que se deshidrate con los momentos que le robarán lágrimas. Todo está fríamente calculado, pero totalmente inofensivo, garantizado que el público que acompañe a Bella en su aventura salga del cine sonriendo y satisfecho.



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