Andrés Tavárez entra al reino de la abstracción




Andrés Tavárez escoge al azar cualquiera de los 14 lienzos abstractos que pintó y, señalándolo, anticipa el disfrute. “Eso es como un mundo, como espectador te metes por ahí para adentro y ves muchas cosas”, garantiza el creador de esos universos formados por pesadas capas de pintura acrílica y hasta aerosol.

“Nueva Génesis” bautizó la muestra que abrirá al público hoy jueves 21 de febrero, a las 6:00 p.m., en la galería Pamil Fine Arts, ubicada en la avenida Glasgow 1897 en College Park, San Juan. 

Si la evolución de un artista plástico implica que subes un escalón cada vez que perfeccionas tu estilo con un nuevo cuerpo de obras, Tavárez celebra que, con esta apuesta, alcanzó una mayor madurez dentro del impresionismo abstracto en el que se inserta.

“Esto es como un renacer de mi obra”, dice Tavárez, oriundo de Camuy pero residente en la capital argentina, Buenos Aires, desde hace una década, “porque es un trabajo completamente abstracto. Aquí llegamos a lo que es la mancha, a la búsqueda del color, la composición”.

“Yo pienso que aquí se ve la madurez, la experiencia en cada pieza y eso es lo que busca un pintor. Un pintor comienza figurativo y quiere terminar abstracto, esa es la búsqueda y pienso que en esta serie lo logré; la composición, captar la gestualidad del color, todo eso está ahí y me siento más cómodo”, afirma Tavárez cuya obra ha sido expuesta tanto en la isla como en Argentina, entre otros lugares.

En torno a la evidente riqueza de capas de pintura en cada lienzo reconoce que “las obras tienen mucha textura y son bien matéricas”. “Me gusta mucho la materia; le da fuerza a la obra”, asegura el artista de 33 años que comparte con su padre nombre, apellido y atracción por la pintura.

“Siempre me gustó la pintura, me pasaba dibujando en el balcón de casa. Mi padre es pintor y yo lo miraba desde pequeño; esa paleta en óleo, los pinceles, el olor al óleo; eso fue lo que yo viví”, confiesa.

Tavárez trabaja un cuadro a la vez y se toma el tiempo necesario para culminarlo; lo mismo tres días que varias semanas. “Tu ser te dice cuándo soltar un lienzo. Es como una voz interna que vas desarrollando y te dice ‘ahora, ya no lo toques más’. Tú sientes esa voz porque eso te lo da la experiencia, eso cuesta. Al principio tú embarras lienzos por montones”, acepta el artista.

A esos creadores jóvenes que, al igual que él, pintan en el balcón de sus casas, les exhorta a que vean “otros mundos” y “visiten museos”. “Eso te da energía, aprendes más, pero siempre buscando tu estilo, no copiándote de otros”, advierte.

Las etiquetas de estilos artísticos no le preocupan a Tavárez. “Yo pinto”, dice, “pero sinceramente los que se encargan de eso son los críticos. Yo pienso que la historia dirá sobre mi estilo. Yo pinto y el tiempo dirá”.

Los colores de otra tierra

Cuando apenas tenía 23 años, Tavárez partió consu esposa argentina, Miriam Videla, a dicho país suramericano. Ya había completado sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Arecibo y en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico. 

“Conocí a mi esposa y decidí irme a experimentar otros mundos, me fui a aventurar. Empecé a pintar por allá y me ha ido bien. Estoy en dos mundos, el de allá y el de acá porque todos los años paso un mes en Puerto Rico”, dice el artista con taller establecido en Buenos Aires, “ha sido interesante porque uno se desarrolla más internacional, ves otras cosas. Un artista tiene que viajar, si te quedas solo en Puerto Rico evolucionas hasta cierto punto y te estancas”. 

El cambio en paisaje fue bastante drástico, lo notó de inmediato en la luz, pero se propuso capturar los nuevos colores que Argentina le ofrecía y, a su juicio, cumplió satisfactoriamente. En la publicación, “Tavárez: una década en Argentina”, que también estará disponible en Pamil Fine Arts, se reúnen algunas de sus series trabajadas a lo largo de estos diez años. 

En ellas transita entre la figuración y la abstracción, entre temas de la cotidianeidad gaucha y de aspectos extraordinarios en Puerto Rico como el paso del huracán María, visto a la distancia en la serie “Sana, sana”. En “Calafate y sus hielos”, que recoge paisajes helados de la Patagonia, se aprecian tonos distintos a los de su isla. Tavárez considera que “esos azules son de allá, estos son colores de Suramérica”. 

“Aquí lo logré al igual que en la serie “Cárnica”, dice complacido, aunque aclara que los rastros del Caribe nunca abandonarán su paleta.

“Nunca se van a ir de mí porque yo soy caribeño”, acaba con una sonrisa tímida, “tu tierra siempre te hala, es muy difícil salirse”.



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