“Cold War”, romance con obstáculos interiores




“Cold War”, el aclamado filme polaco que ha recibido nominaciones al Óscar en las categorías de Mejor Dirección, Mejor Fotografía y Mejor Película en Lengua Extranjera, llega hoy a los cines de Puerto Rico.

El filme del director Pawel Pawlikowski se distingue por tener una propuesta audiovisual elegante y suntuosa que en muchas ocasiones evoca la época dorada del cine de Hollywood. Sin embargo, el núcleo emocional del filme desafía constantemente la noción de lo que es un romance, tanto en pantalla como en la vida real, y la noción de que el amor verdadero puede triunfar ante cualquier obstáculo.

Evidentemente este no es el primer filme en tratar de capturar lo dulce y lo trágico de una relación romántica que simplemente no se puede consumar. Pero el triunfo del filme reside en la agilidad de la dirección y una estructura dramática concisa que constantemente lanza misiles para destruir las expectativas del espectador sin tener que recurrir a manipulaciones o crear algún tipo de conflicto que registre como falso.

A eso se le suma la maravillosa cinematografía de Lukas Zal. Durante esta temporada de premios, todas las conversaciones sobre el poder de la memoria han girado alrededor del trabajo de Alfonso Cuarón en “Roma”, pero el lienzo cinematográfico de “Cold War” usa el blanco y negro para evocar una expedición detrás de la superficie dentro de un álbum de fotografías de familiares que enfrentaron los retos de vivir en otra época.

La trama de “Cold War” se remonta a Polonia, justo al final de la década de los 40 y muestra la atracción instantánea que hay entre “Zula” (Joanna Kulig) y “Wiktor” (Tomasz Kot) cuando estos dos se conocen durante un esfuerzo cultural del gobierno para rescatar la música folclórica del país. Él es uno de los genios musicales a cargo de reclutar cantantes para un coro que representará a Polonia en una gira por Europa. Ella es una cantante con un talento limitado, carisma irrefutable y un temperamento volátil.

El guion del filme presenta su romance como algo inevitable, pero este enfrenta su primer obstáculo cuando Wiktor sueña con un futuro lejos de las restricciones políticas de su gobierno. De ese momento en adelante, el guion da brincos de dos o tres años mostrando las circunstancias que unen y separan las vidas de estos dos artistas.

De primera instancia, el filme aparenta ser uno de esos romances imposibles donde fuerzas externas son las que generan los obstáculos que impiden un final feliz. No obstante, la segunda mitad del guion de Pawlikowski, Janusz Glowacki y Piotr Borkowski descarta esto con una sección que muestra como los egos y las inseguridades de los protagonistas crean las heridas mortales que llevan su romance por un camino difícil y a un clímax que lo reafirma como imperfecto pero genuino.

Lo más impresionante del filme es cómo el director y sus actores principales logran capturar un sinnúmero de detalles que trazan la humanidad trágica de la historia, mientras la trama cada vez se apresura a su conclusión agridulce.

Es bien probable que el ritmo apresurado le robe al público un momento de catarsis emocional, pero el poder de las imágenes de esta película se quedará con ellos mucho después de que la película haya terminado.



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